‘La vuelta de Nora’: la desigualdad de géneros que aún marca el día a día

El sábado 9 de marzo, La vuelta de Nora (Casa de Muñecas 2) de Lucas Hnath y dirigida por Andrés Lima, llegó al teatro José Monleón en el C.C José Saramago de Leganés.

Inspirado en Casa de muñecas de Henrik Ibsen (1879), Lucas Hnath crea una continuación del clásico teatral, considerado como “la primera gran obra feminista” por su crítica al matrimonio. En este caso, 15 años después de que Nora abandone a su marido y sus tres hijos, regresa reclamando los papeles del divorcio. 

En esta continuación, Nora, reconvertida en escritora feminista, vuelve por sus propios intereses teniendo que enfrentarse a los prejuicios y las réplicas por su abandono. Los personajes de Ibsen son desarrollados con mayor infinidad de matices: hay paralelismos entre la situación social de la mujer en el siglo XIX y la desigualdad que aún permanece presente. Tanto Nora (Aitana Sánchez-Gijón), como su marido Torvald (Roberto Enríquez) y la niñera Anne Marie (María Isabel Díaz Lago) son caracterizados de época. La hija de Nora, Emmy (Elena Rivera) se despoja del camisón, con una descontextualización del vestuario que refuerza la alusión a la contemporaneidad

La hija de Nora, en un pequeño salón

En una escenografía que representa un salón cerrado, sin puertas, con una falsa perspectiva que da profundidad, la iluminación se va alternando representando las etapas del día y la agitación de las emociones. El decorado se abre ante la llegada de Emmy que aparece encima del salón, sentada en una silla. Los lados del escenario se dejan a la vista, con todos los aparatos técnicos. Es una casa que recuerda a una caja: sigue siendo una casa de muñecas. Los personajes a menudo se muestran al margen de la conversación central dentro del salón, como marionetas esperando su entrada en el juego.

Precisamente Emmy es la que desvela los diferentes matices que motivan que Torvald se haya negado al divorcio, y muestra su propio enfado por el abandono. Ella perpetúa en cierta medida los convencionalismos de la época; no por los estereotipos de género, sino como rechazo al abandono en una situación de dependencia: “yo creo que es bueno estar atrapada en un matrimonio, que sea difícil irse, es lo que hace que la gente se quede”. Mientras, Nora cuestiona duramente las leyes que le impiden ser libre, que le niegan poder divorciarse sin el consentimiento del marido y sigue buscando su propia reivindicación: “el mundo que estoy intentando crear para ti todavía no existe”.

Se van generando discusiones en los que Anne Marie, la niñera, nos inicia con todos los prejuicios a los que tiene que enfrentarse y reconduce la escena. Es así como vemos la profundidad que alcanza Torvald, fiel reflejo del paternalismo en el relato de Ibsen. Frente a un orgullo y unos privilegios evidentes, empieza a comprender a Nora pudiendo sincerarse ambos como nunca lo hicieron durante su matrimonio.

Esta obra teatral escrita en el 2017 por Lucas Hnath fue estrenada en Broadway y considerada como la sensación de la temporada. Ha llegado a obtener hasta ocho nominaciones Tommy, entre ellas a Mejor Dirección, Mejor Obra y Mejor Interpretación.

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