En 1923 el dictador Primo de Rivera ordena una reorganización del registro catastral. Debido a errores burocråticos tres pueblos son olvidados. Todos ellos informan del error, pero Bernardo Fuster se pregunta: ¿qué hubiera pasado si no lo hubieran notificado?
Partiendo de este supuesto, Bernardo recrea un pueblo en que se exploran nuevas formas de vida al margen de toda ley, un punto de encuentro de convivencia de personajes reales con ficticios que igualmente estĂĄn inspirados en vecinos de Ayora, donde el autor veraneaba cuando era joven. Lo anecdĂłtico se confunde de esta manera con lo real y se generan una serie de situaciones surrealistas que, como bien dice, tienen mucho sentido dentro de este microclima tan especĂfico.Â
Con claras influencias de Berlanga y de JosĂ© Luis Cuerda, recuerda mucho a Amanece que no es poco. De hecho, Bernardo Fuster trabajĂł durante seis años con Berlanga creando mĂșsica para sus pelĂculas, pero reconoce que a JosĂ© Luis Cuerda le conociĂł despuĂ©s y que la similitud es casual, no asĂ el carĂĄcter narrativo que en ocasiones tiende a una descripciĂłn cinematogrĂĄfica, siendo la historia contada por una periodista que llega allĂ como cronista de la situaciĂłn.
UNA GRAN ACOGIDA EN LEGANĂS
El jueves 21 de febrero Bernardo Fuster presentĂł su libro Si me ves, no se lo digas a nadie acompañado de su editor Manuel Blanco en La Libre de Barrio, librerĂa de la ciudad de LeganĂ©s.Â
Bernardo confiesa cierto miedo previo a la publicaciĂłn por esta semejanza de algunos de los personajes con la realidad, pero cierto alivio en la gran acogida que ha tenido sobretodo en este mismo pueblo donde sus habitantes ya hablan de los personajes como si fueran conocidos y le han prometido continuar ellos escribiendo el libro.Â
Esta novela editada por Garaje narrativa es una sĂĄtira en la que destaca su gran sentido del humor, pues como nos comenta: âel humor permite desacreditar muchas cosasâ. Bernardo parte de un hecho histĂłrico y a raĂz de ahĂ aĂșna lo real con lo que supone como posible, centrĂĄndose en el pueblo de Ayora, perteneciente a Valencia pero lĂmite con Albacete, un pueblo que histĂłricamente ha sido ignorado: âsi el Cid pasĂł por aquĂ sin dejar huella, si los franceses pasaron de largo en la Guerra de la Independencia (âŠ) si por aquĂ no pasaron los militares para reclutar mozos para incorporarlos a la guerra de Marruecos⊠¿por quĂ© no vamos a aceptar que Primo de Rivera tambiĂ©n ha pasado de largo?.â
Bernardo, nacido en 1951 militĂł a principios de los años setenta en el Frente Revolucionario Antifascista y PatriĂłtico, tanto en Valencia como en Madrid, y tuvo que exiliarse a ParĂs en el 1974 acusado por su participaciĂłn y la difusiĂłn de propaganda clandestina. AnecdĂłticamente nos cuenta que, como republicano, Ă©l viviĂł una gran represiĂłn despuĂ©s de la guerra. A raĂz de esta novela conociĂł a un personaje importante cuya familia fue fusilada y Bernardo, como mĂșsico, le sugiriĂł crear un acto en homenaje en Ayora, a sabiendas de que nunca habĂa habido un acto de memoria histĂłrica en este pueblo y dudaban si asistirĂa alguien. La sorpresa fue una total asistencia y la suposiciĂłn de que la gente estaba esperando que alguien diera el primer paso para perder el miedo a hablar de ello.



