A sus 37 años, Lucas no llega como una apuesta de futuro, sino como lo que es: un delantero con recorrido, carácter y experiencia en escenarios de máxima exigencia. Ha jugado en Primera, ha competido en Europa y sabe perfectamente lo que supone asumir galones cuando el equipo está contra las cuerdas. Justo el contexto en el que se encuentra ahora mismo el Leganés
La vuelta al trabajo del CD Leganés tras el parón navideño no fue una más. Cuando todo apuntaba a sesiones rutinarias y mensajes de perfil bajo, Lucas Pérez apareció por Butarque y agitó el día a día del equipo. El delantero gallego, libre tras su última experiencia «a la holandesa», se entrena con el conjunto pepinero a prueba, sin contrato, pero con una idea clara: demostrar que todavía tiene fútbol y gol para ayudar a un equipo que lo necesita como el comer.
Su presencia no es casual. El equipo arrastra problemas evidentes en ataque: falta de pegada, dificultad para cerrar partidos y demasiados encuentros donde el dominio no se traduce en goles. En ese escenario, la figura de un ‘9’ veterano, con lectura de juego y capacidad para decidir en áreas pequeñas, cobra sentido. Lucas no es un delantero de esperar el balón. Se mueve, ofrece apoyos, descarga y entiende cuándo acelerar y cuándo pausar.
En los entrenamientos ya se le ha visto activo, implicado y con voz. Detalles que no salen en la estadística pero que pesan en un vestuario joven y necesitado de liderazgo. Desde el club se insiste en la prudencia: no hay decisión tomada y todo dependerá de sensaciones físicas y futbolísticas. Pero también se reconoce que el jugador ha llegado con predisposición total y con hambre competitiva.
El cuerpo técnico valora su adaptación, su ritmo y, sobre todo, si puede aportar desde el primer día. En Segunda División no hay tiempo para experimentos largos. Aquí se exige rendimiento inmediato, y Lucas lo sabe. Por eso ha aceptado probarse, entrenar y ganarse el sitio sin atajos.
Mientras tanto, la afición ya ha captado el mensaje. No todos los días un nombre así pisa Butarque en diciembre. Si el delantero convence y el acuerdo se cierra, el Leganés podría sumar algo más que goles: personalidad, oficio y una referencia ofensiva real para encarar la segunda mitad del campeonato.



