El nuevo reglamento de participación ciudadana que impulsa el Ayuntamiento de Leganés todavía no ha iniciado su tramitación oficial, pero ya levanta serias dudas sobre el modelo que pretende implantar. Gobierno local y asociaciones trabajan con un borrador abierto a aportaciones vecinales y con artículos aún por definir, pero su orientación general es clara: reforzar el papel de las entidades organizadas como interlocutores prioritarios y reducir, en la práctica, el peso del vecino a título individual.
Un modelo que canaliza la participación y la burocratiza
El texto apuesta por un modelo de participación mayoritariamente canalizado a través de asociaciones. Aunque mantiene cauces formales para los vecinos individuales a través de consultas, aportaciones o mecanismos no decisorios; las entidades organizadas ganan peso institucional, acceso a órganos colegiados y capacidad de interlocución directa con la administración.
El resultado es un sistema en el que el vecino no asociado, o las entidades pequeñas sin estructura burocrática, ven limitada su capacidad de influencia real frente a organizaciones con mayor trayectoria y recursos.
Lejos de facilitar la participación directa, el reglamento introduce nuevos requisitos y filtros procedimentales, dejando un amplio margen de decisión en manos del alcalde y del Gobierno de turno. Un diseño que, en la práctica, más que abrir la participación, la filtra.
Discrecionalidad en el acceso al Pleno
Uno de los puntos más sensibles es la posibilidad de que las asociaciones intervengan en el Pleno municipal u otros órganos colegiados —excepto la Junta de Gobierno Local— cuando se trate de asuntos en los que tengan “interés directo”. Sin embargo, la clave está en quién decide qué es ese interés: la presidencia.
En la práctica, será quien presida el órgano quien determine qué asociación puede intervenir y cuándo. Un margen de decisión excesivamente amplio que abre la puerta a un uso discrecional del reglamento y a un trato desigual entre colectivos.
Mociones condicionadas al plan del Gobierno
El borrador mantiene la posibilidad de presentar iniciativas al Pleno, pero introduce un filtro previo: la Junta de Gobierno Local decidirá si se admiten a trámite en función de su compatibilidad con el ‘plan de mandato’.
El problema es doble. Por un lado, el reglamento no define qué es exactamente ese plan aunque se intuye que es la hoja de ruta del Gobierno. Por otro, no se trata de un documento jurídico ni rígido, lo que permite una interpretación subjetiva por parte del Ejecutivo. ¿Qué ocurre si una iniciativa ciudadana busca precisamente frenar o cuestionar una línea del Gobierno? El texto no lo aclara.
Más poder para las asociaciones, menos para el vecino
El desequilibrio se refuerza con la creación del Consejo Social de la Ciudad. Un órgano consultivo relevante, sí, pero al que no tiene acceso la ciudadanía. Además de asociaciones empresariales, sindicatos, administraciones públicas y universidades, podrán acceder asociaciones vecinales y entidades del registro municipal.
Eso sí, no se contemplan mecanismos claros para garantizar la representatividad real de estas entidades ni para dar voz directa a vecinos no asociados. El riesgo es evidente: que participen siempre los mismos, aunque ya no representen el sentir de la calle.
Un debate que ya está sobre la mesa
El reglamento sigue abierto a cambios, pero el debate de fondo es inevitable. ¿Amplía realmente la voz del vecino en Leganés o consolida un modelo donde las asociaciones ganan poder institucional mientras la ciudadanía pierde protagonismo? La respuesta marcará el futuro de la participación en la ciudad.




