La sanidad pública madrileña vuelve a tensarse al máximo en plena ola de gripe y enfermedades respiratorias. Urgencias desbordadas, pacientes esperando horas —e incluso días— para conseguir una cama y centros de salud con agendas imposibles se han convertido en una escena habitual en los hospitales de la Comunidad de Madrid. Todo ello, según denuncian sindicatos y profesionales sanitarios, por una combinación ya conocida: aumento previsible de infecciones y falta estructural de personal.
Los hospitales madrileños desbordados
El sindicato CSIF alerta de que la situación ha empeorado en los últimos días y reclama refuerzos urgentes ante la llegada del fin de semana y el inminente pico de contagios. En hospitales madrileños como el Clínico, Gregorio Marañón, La Princesa, La Paz o el 12 de Octubre, la saturación es crítica. En algunos casos, se han sustituido sillas por camas en las urgencias para poder atender a los pacientes, con hasta 90 personas pendientes de ingreso en determinados momentos.
En el Hospital Gregorio Marañón, las urgencias atienden una media diaria de 550 pacientes, con esperas de hasta dos días para obtener una cama. En el Clínico, especialmente en urgencias pediátricas, las esperas superan las cinco horas, mientras que muchas habitaciones de medicina interna están aisladas por gripe, lo que reduce aún más la disponibilidad de camas. La Princesa, La Paz y el 12 de Octubre presentan escenas similares, con camillas en los pasillos y unidades reabiertas de urgencia.
Atención Primaria al límite
La Atención Primaria tampoco escapa al colapso. Las agendas de médicos y enfermeras llevan días desbordadas, especialmente por el aumento de patologías respiratorias en población vulnerable. A ello se suma la campaña de vacunación de gripe y COVID, que vuelve a poner contra las cuerdas a un sistema ya debilitado.
Desde la Sociedad Madrileña de Enfermería Familiar y Comunitaria (SEMAP) y el sindicato SATSE denuncian que Madrid tiene una de las peores ratios de enfermeras de España: 0,5 por cada 1.000 habitantes. Esto supone que cada enfermera atienda de media a casi 2.000 personas, una cifra incompatible con una atención segura y de calidad. La sobrecarga, advierten, no solo es un problema laboral, sino un riesgo directo para la seguridad del paciente.
Los profesionales señalan además una mala planificación por parte de la Comunidad de Madrid: bajas, vacaciones y permisos sin cubrir, ausencia de planes de contingencia y retribuciones que no compensan el esfuerzo extra. En Madrid, una hora de prolongación de jornada se paga a 12 euros brutos, una cifra que los sindicatos califican de “irrisoria”.
Mientras tanto, el colapso sanitario vuelve a repetirse, un invierno más, como si fuera una sorpresa. Una situación que afecta de lleno a miles de vecinos del sur de Madrid —también en Leganés— que dependen de una sanidad pública cada vez más tensionada.



