La creciente popularidad del IPTV en el fútbol español
Ver fútbol por Internet se ha convertido en una opción cada vez más popular para miles de aficionados en toda España. El IPTV permite seguir partidos de LaLiga, torneos internacionales y competiciones locales sin depender de cable o satélite, ofreciendo flexibilidad, calidad HD y acceso en tiempo real. Cada vez más personas disfrutan de sus equipos favoritos desde cualquier dispositivo: Smart TV, móvil, tablet o incluso TV Box.
Esta tecnología también facilita el acceso a contenido complementario, como repeticiones de goles, estadísticas en vivo y transmisiones de otros deportes, lo que hace que la experiencia de los aficionados sea mucho más completa y personalizada. Además, permite organizar listas de canales y acceder a transmisiones en directo desde cualquier lugar, ideal para quienes viajan o tienen horarios cambiantes.
Ventajas de usar servicios confiables
Al elegir un servicio, es fundamental optar por plataformas con buena reputación, estabilidad y soporte técnico confiable. Los usuarios pueden comprar IPTV de forma segura y aprovechar la prueba gratuita de 24 horas, evaluando la calidad de imagen, la estabilidad de la conexión y la disponibilidad de canales deportivos antes de comprometerse.
Mejorando la experiencia futbolística
Para disfrutar al máximo del fútbol, los aficionados pueden combinar el uso de IPTV con fuentes deportivas oficiales como LaLiga y Marca, siguiendo calendarios, resultados y estadísticas en tiempo real. Esta combinación garantiza una experiencia completa y sin interrupciones, permitiendo a los usuarios ver todos los partidos importantes con comodidad y seguridad.
El Innova-tsn Leganés firmó este domingo una victoria de prestigio a domicilio tras imponerse con autoridad al Lointek Gernika Bizkaia (62-76) en el Polideportivo Maloste. Un triunfo trabajado, serio y coral que confirma la buena dinámica del equipo pepinero y refuerza su confianza lejos del Pabellón Europa.
El conjunto dirigido por Javier Fort supo leer el partido desde el salto inicial y fue marcando diferencias de forma progresiva, especialmente a partir del segundo cuarto, cuando comenzó a imponer su ritmo y su mayor solidez defensiva.
Un inicio firme para marcar el camino
Leganés salió concentrado y con las ideas claras. El primer cuarto ya dejó pistas de por dónde iba a transitar el encuentro, con un 8-16 que reflejaba el dominio visitante en intensidad y acierto. El segundo parcial mantuvo la misma tónica (16-18), permitiendo a las pepineras marcharse al descanso con una ventaja clara (32-44).
El equipo logró frenar las principales vías de anotación del Gernika y castigó con paciencia cada desajuste defensivo local, combinando juego interior y buena circulación exterior.
Gernika aprieta, pero Leganés no se descompone
Tras el paso por vestuarios, el Lointek Gernika intentó reaccionar y llegó a reducir diferencias en el tercer cuarto, aprovechando momentos de menor fluidez ofensiva del Leganés. Sin embargo, el equipo supo resistir el empuje local y respondió con carácter en el último periodo.
El parcial final (16-21) terminó de romper el partido. Leganés volvió a encontrar fluidez en ataque, controló el rebote y cerró el encuentro con madurez, sin permitir que el rival se metiera de nuevo en la pelea.
Dodson lidera y el bloque responde
Nuevamente, Maya Dodson se posicionó como máxima anotadora del encuentro con 17 puntos, además de 12 rebotes, firmando un doble-doble clave para sostener al equipo en los momentos más exigentes. Junto a ella, brillaron Noortje Driessen (15 puntos) y Nikola Dudasova (14 puntos), aportando equilibrio exterior y anotación en momentos clave.
También fue fundamental el trabajo de Aminata Sangaré, dominante en el rebote (11 capturas), y la aportación colectiva en defensa, que dejó al Gernika en solo 62 puntos, con bajos porcentajes desde el triple.
Una victoria que refuerza la línea ascendente
Más allá del resultado, el triunfo en Maloste confirma la evolución competitiva del Innova-tsn Leganés, capaz de sostener su plan de partido durante 40 minutos ante un rival con experiencia y fortaleza como local.
Leganés suma así una victoria de valor en una pista siempre complicada y continúa creciendo en confianza, juego y ambición en esta Liga Femenina Endesa. El equipo vuelve a demostrar que está preparado para competir de tú a tú ante cualquier rival.
El UC3M Voleibol Leganés masculino rozó la victoria en un partido de máxima igualdad frente al CV Melilla, que se resolvió en el tie-break tras más de dos horas de intensa batalla sobre la pista. El conjunto dirigido por Álvaro Tejero cayó por 2-3 en la Jornada 9 de la Superliga Masculina, en un encuentro marcado por los pequeños detalles.
Los parciales reflejan con claridad la alternancia y la igualdad vivida durante todo el choque: 25-23, 17-25, 22-25, 25-16 y 13-15. Ninguno de los dos equipos logró despegarse con claridad, y el desenlace no llegó hasta el último punto del quinto set.
Un partido de ida y vuelta
El encuentro arrancó con buenas sensaciones para el conjunto de Leganés, que se llevó el primer set mostrando solidez y orden en su juego. Sin embargo, el equipo melillense supo reaccionar, ajustó su planteamiento y obligó a los locales a remar contracorriente durante buena parte del partido.
Lejos de bajar los brazos, el UC3M Voleibol Leganés volvió a igualar el marcador con un cuarto set muy sólido, forzando un tie-break en el que la igualdad se mantuvo hasta el final. Finalmente, el CV Melilla se llevó el quinto set por la mínima, dejando a los pepineros sin premio pese al esfuerzo.
Vančo y Del Carmen lideran al equipo
En el apartado individual, destacó la dupla ofensiva formada por Vančo y Del Carmen, máximos anotadores del encuentro por parte del equipo local, con 19 puntos cada uno. Ambos sostuvieron el ataque en los momentos más exigentes frente a un rival de entidad.
Más allá del resultado, el equipo firmó una actuación muy competitiva, manteniendo la intensidad y la concentración hasta el último balón.
La grada, un factor clave
Una vez más, la afición de Leganés jugó un papel determinante, empujando al equipo desde la grada durante todo el encuentro y sosteniendo al conjunto en los momentos más delicados. El apoyo fue constante hasta el último punto del partido.
Doble jornada exigente para cerrar el año
La competición no da tregua y el UC3M Voleibol Leganés afronta ahora una semana clave para cerrar el año. Este miércoles visitará la pista del CV Manacor, actual tercer clasificado, y el sábado disputará el último partido del año frente al CV Benidorm.
Dos citas de máxima exigencia que servirán para medir el estado real del equipo antes del parón competitivo y seguir consolidando el proyecto en la Superliga Masculina.
Leganés sigue dejando huella en la Superliga 2 Femenina. El UC3M Voleibol Leganés firmó este fin de semana una victoria de enorme mérito a domicilio tras imponerse por 0-3 al Arona (17-25, 22-25 y 24-26), una de las pistas más exigentes de la categoría. Un triunfo de carácter que permite al conjunto pepinero cerrar la primera vuelta en la zona alta de la clasificación.
El equipo dirigido por Ilde García mostró una versión muy sólida desde el primer punto. Sin estridencias, pero con mucha personalidad, Leganés supo gestionar los momentos clave del encuentro y mantener la calma incluso en el tercer set, el más igualado del partido, que se resolvió por la mínima.
Solidez colectiva y dominio en la red
Más allá del marcador, el encuentro dejó claro el gran momento de forma del conjunto leganense. El rendimiento fue notable en todas las líneas, con un trabajo colectivo muy equilibrado y una defensa consistente que minimizó las opciones del equipo canario.
Especial protagonismo tuvo la pareja de centrales formada por Minguela y Gómez, decisiva en ataque y muy firme en la red. Su capacidad para castigar al rival en momentos clave se convirtió en uno de los factores determinantes del partido.
Segunda posición y billete deportivo para la Copa Princesa
Con esta victoria, el UC3M Voleibol Leganés finaliza la primera vuelta en segunda posición, a solo dos puntos del liderato, consolidándose una temporada más como uno de los equipos más fiables de la categoría.
Además, el equipo logra la clasificación deportiva para la Copa Princesa, un torneo que ya conquistó la pasada campaña. Sin embargo, en esta edición no podrá disputar la competición al ser el CV Torrejón, tercer clasificado, el club organizador, circunstancia que le otorga automáticamente la plaza.
Un cierre de año con derbi madrileño
Pese a ello, el balance de la primera vuelta es claramente positivo y refleja el buen trabajo del grupo y del cuerpo técnico. La competición no se detiene y el UC3M Voleibol Leganés afrontará la próxima semana el último partido del año, un derbi madrileño a domicilio frente a VP Madrid, con el objetivo de seguir sumando y mantener la presión en la parte alta de la tabla.
Leganés llega a esta cita con confianza, juego y ambición. Tres ingredientes que explican por qué el voleibol femenino de la ciudad vuelve a mirar hacia arriba.
Juanjo Artero (Madrid, 1965) supo desde niño que su lugar estaba en los escenarios, algo que incluso sus profesores del colegio le confirmaban. Todos los españoles lo comprobamos por primera vez al verlo interpretar a Javi en Verano Azul, y hemos seguido confirmándolo a lo largo de los años al ver sus papeles en series como El Comisario o El Barco. Para Artero, la interpretación es un juego: “un juego serio, pero un juego”, que además permite “ensayar” la vida: ha sido padre y ha perdido a seres queridos a través de sus personajes antes de vivirlo en la realidad.
Recientemente ha pasado por el Teatro Monleón de Leganés con Asesinato en el Orient Express, una obra de Agatha Christie que no deja indiferente a ningún espectador. En conversación con Leganés Activo, Artero hace un recorrido por su carrera, demuestra su compromiso con el público, reivindica mejoras en la profesión y no deja de invitar a los jóvenes a acudir al teatro.
Empezaste muy joven, con 14 años, en Verano azul y desde entonces no has dejado de actuar. ¿Siempre supiste que querías dedicarte a la interpretación?
Juanjo Artero. Yo quería ser actor, es curioso, desde pequeño lo tenía bastante claro. Ese año, además, lo reafirmé. En el colegio había tenido experiencias de teatro y, en una de ellas, nos tocó presentar un trabajo sobre la Revolución Francesa, y decidimos hacer una obra de teatro. Los profesores ya me dijeron: “Tú has nacido para estar en escena”.
Ese mismo año me cogieron para Verano azul, que tuvo mucho éxito, claro, pero luego volví a mi vida normal. Con 17, 18, 19, 20 años seguí estudiando y me metí a estudiar Arte Dramático, que fue lo mejor que pude hacer. Empecé con 16, y esos estudios fueron los cimientos de lo que he llegado a ser después. Incluso pasé por el circo, que también fue una experiencia muy bonita y enriquecedora.
A partir de ahí fui haciendo cosas poco a poco. Creo que es una suerte tener una vocación tan grande, también puede ser frustrante si no lo consigues, pero una suerte poder haber hecho lo que me gusta, por lo menos hasta ahora… porque lo bonito de esta profesión es que el futuro siempre es incierto.
Has interpretado personajes muy diferentes: policías, capitanes de barco, comisarios, padres… ¿Qué papeles son los que más disfrutas actualmente?
J.A. Pues la verdad es que disfruto todo, ¿sabes? Por ejemplo, ahora hacer de Poirot lo estoy disfrutando muchísimo. Es un personaje muy distinto a mí: en la forma de andar, de apoyarse, de colocarse… tiene una “columna vertebral” muy particular; es mucho más inteligente que yo, y eso me obliga a transformarme. Y es muy divertido. Llega un momento en el trabajo en el que el personaje te atrapa y empiezas a jugar, y ahí es cuando yo mejor me lo paso.
Juanjo Artero interpreta Agamenón en Mérida
Me encanta la comedia; me encanta estar en Mérida haciendo Agamenón, o irme a Roma, como he hecho este verano. No te sabría decir qué me gusta más porque me gusta todo: la comedia, la tragedia, el clásico, Lope, Shakespeare, Oscar Wilde… Para mí todo eso es maravilloso.
Y además, también me gusta lo que trae la edad. Ya que tenemos que envejecer, lo bonito es que con los años puedes hacer personajes distintos: de repente puedes recitar poesía o interpretar a un rey, y ya no tienes que esforzarte por interpretar a personajes jóvenes, porque no toca. Así que me gusta mucho esa evolución, poder cambiar y avanzar con la edad. Lo disfruto muchísimo. Y además, siempre digo que la otra opción —no envejecer— es peor, así que prefiero sentirme tan feliz con lo que hago.
Has interpretado personajes muy queridos y famosos, ¿coinciden los papeles que más le gustan al público con los que más has disfrutado interpretando?
J.A. Bueno, en muchos casos sí, yo creo que sí. Hay obras de teatro que han sido grandes éxitos y que recuerdo con muchísimo cariño, he hecho mucho clásico, pero también el verso ha sido muy importante… Es como el que tiene muchos hijos: son muchísimos pero les tengo cariño a todos.
Y también hay personajes que la gente conoce menos pero que son maravillosos y que te han hecho crecer, o con los que has viajado con ellos. Con todos ellos he vivido un proceso muy bonito: Lucindo de La disputa enamorada, Charlie Márquez de El comisario, Lisardo de El acero de Madrid, Felisardo de Los melindres de Belisa…
¿Qué te aporta el teatro que no te aporta la televisión, y viceversa?
J.A. Son muy diferentes. El teatro a mí me encanta, pero también me gusta mucho la televisión y el cine. Al final, cuando el producto es bueno, es bueno, y hay productos muy buenos en todos los formatos… y otros que no lo son tanto. La televisión y el cine tienen algo estupendo: que luego puedes volver a verlo siempre que quieras, sentarte en el sillón de tu casa y disfrutar.
Pero el directo del teatro… eso es otra cosa. El contacto con el público es maravilloso. A mí hacer teatro me vuelve loco; puedo estar enfermo un día, pero salgo al escenario y se me olvida todo. Es hacer una misma función todos los días y sorprender, es la magia del teatro. La gente la está escuchando por primera vez y tú, como actor, tienes que escucharla por primera vez también, dejar que todo fluya y que se olvide el mecanismo.
Juanjo Artero en Asesinato en el Orient Express
Pero eso también pasa en televisión: aunque sepas lo que te va a contestar el otro actor, tienes que escucharlo de verdad, como si no supieras la respuesta, aunque te hayas leído el guion mil veces. Tienes que olvidarlo para poder jugar. Al final, esto es un juego. Un juego serio, pero un juego.
Después de tantos años de carrera, ¿qué es lo que más te sigue emocionando de actuar?
J.A. Bueno, pues lo que más me sigue emocionando es esa conexión: con la cámara o con el público. Ese momento de “cinco y acción”, o de salir al escenario, ese momento en el que todo cambia.
En televisión, esa conexión con la cámara, que la secuencia salga bien, esa comunión con el equipo de rodaje —porque siempre somos un equipo, igual que en el teatro— es algo que te anima mucho. Luego está la emoción de ver la serie, de ver cómo responde la audiencia, si ha gustado o no. Eso también tiene su punto, porque de ello dependen muchas cosas: tu sueldo, la vida de tu familia, el trabajo de todos tus compañeros… Es una especie de quiniela que tiene mucha emoción. Y cuando funciona —y yo no me puedo quejar— da muchísima alegría. Todo ese juego de la televisión es muy divertido.
Y el teatro también. Ahora, haciendo Asesinato en el Orient Express, siento el pulso del público: el que conoce la historia y el que no, el que sabe quién es el asesino y el que lo descubre allí. A todo el mundo le gusta y le sorprende. Y ver cómo el tren va cambiando, cómo cambiamos nosotros: del exterior al andén, luego al pasillo, al restaurante, al compartimento donde ocurre el asesinato… Es maravilloso sentir ese pulso del público y el apuro final. Eso es el mejor alimento del actor.
¿Cómo dirías que ha cambiado la profesión del actor desde que empezaste a hoy en día?
J.A. Todo ha cambiado. Yo tuve la suerte de conocer a una generación de actores maravillosos, que lo aprendieron todo trabajando. Antes se aprendía así, en la propia práctica, incluso en la escuela de Arte Dramático. Había actores muy, muy buenos.
Luego conocí también a gente algo mayor que yo, como José Pedro Carrión o Carlos Hipólito. Y yo iba al teatro a ver las obras de José Carlos Plaza, de Miguel Narros… Era otra generación que trajo otro respirar, otra manera de hacerlo. He tenido la suerte de conocer a todos ellos y de estar un poco en esa generación intermedia, donde para ser actor sí que he estudiado y me he preparado. Está claro que nuestro instrumento somos nosotros mismos. Tenemos que estar afinados: con la edad que tengamos, con el personaje que hagamos. Es importante cuidar la mente y el cuerpo, porque son nuestras herramientas.
Y también creo que la esencia del actor es vivir. La vida te da experiencia, y esa experiencia te sirve luego delante de la cámara. Si sabes vivir —con lo bueno y con lo malo— eso se nota cuando actúas. He sido padre antes como personaje que como persona, he perdido a gente querida antes en ficción que en la vida… es como que lo tienes ensayado para la vida. Y bueno ya me he muerto alguna vez, algún día me tocará también en la vida, pero ya lo habré hecho antes.
Se suele decir que las nuevas generaciones consumen más pantalla que teatro. ¿Sueles ver a gente joven entre el público cuando actúas?
J.A. Yo creo que, en general, el público del teatro es más mayor, y eso es un poco preocupante. Hay gente joven, sí, pero menos. A veces pienso: dentro de veinte años, ¿qué pasará? Parece que la gente empieza a ir al teatro cuando se hace mayor. Y a mí ya no me preocupa tanto por mí, porque tengo una edad; me preocupa por mis hijos y por los compañeros jóvenes que quieren dedicarse a esto.
Juanjo Artero en El Barco
Pero también es verdad que cuando un joven va al teatro por primera vez, normalmente le encanta. Me ha pasado con amigos que llevan a sus hijos, chicos que solo habían ido al teatro infantil o que no habían ido nunca: salen fascinados.
Yo confío en que esto mejorará. Hay épocas mejores y peores, y creo que ahora estamos en un momento complicado. Desde la pandemia el sector no se ha recuperado del todo.
De hecho, en varias ocasiones has mencionado que la precariedad está ligada a esta profesión.
J.A. Es cierto, pero nosotros elegimos esta profesión. No quiero dar pena; pero la gente está muy equivocada. Es una profesión muy entregada: si tú caes enfermo, no solo dejas de cobrar tú; puedes dejar a once actores sin función, a cuatro técnicos, y a una productora que ha invertido un dinero. Es una responsabilidad muy grande.
Pero bueno, yo elegí esta forma de vida y la asumo. Es verdad que los presupuestos cayeron mucho con la crisis y con la pandemia, y en muchos sitios no se han recuperado.
Y luego está el Estatuto del Actor, que se está mejorando, pero está costando sacarlo adelante. Hay que presionar un poco, porque España tiene que ponerse al nivel. No puede ser que tengamos las mismas obligaciones que un actor inglés y luego prestaciones que no tienen nada que ver. Es distinto en otros países de la Unión Europea, y aquí tenemos que avanzar.
Has estado en Leganés con ‘Asesinato en el Orient Express’. ¿Qué te pareció que pensaran en ti para este papel?
J.A. La verdad es que ahora sí que me veo como Poirot, pero al principio no me veía nada. Cuando me llamaron pensé: “No sé si me veo”. Pero acepté y lo hicimos. Y sí, me hizo ilusión. Conocía la obra: había visto la película dos veces, la moderna y la antigua, y me apetecía mucho. Era un reto. Yo pensaba: “A ver cómo lo hago…”.
Antes de empezar a ensayar –como funciona todo ahora– tuvimos que hacer las fotos de promoción. Las funciones empiezan a venderse con meses de antelación, así que las fotos se hacen antes de ensayar siquiera. Y ahí, al hacerme las fotos, me miré al espejo y algo me atrapó.
Para interpretar a un personaje no se trata de imitar a nadie. Aprovechas todo lo que sabes de él para mirar desde tu punto de vista, porque lo tienes que interpretar y meterlo dentro de ti. Hay que sacarlo de dentro, no hay que imitar nada, sino ver como se mueve, cómo se apoya, cómo come… Yo vi que Poirot no se mueve ni se apoya como yo, es más preciso, más meticuloso, más… redondo, orgánicamente más redondo. Hay algo que se apodera de ti, que no es como un exorcismo ni nada raro, sino que viene de la inspiración, de trabajar y de estudiarlo: cómo pisa, qué energía tiene, incluso pensar qué animal sería. Es dejar que el personaje te lleve, que te coja, sin volverte loco, porque el control siempre lo tienes tú. Pero dejarte sorprender es maravilloso.
¿Qué tiene de especial esta obra? ¿A quién la recomendarías?
J.A. Pues yo creo que esta obra es para todos los públicos. A partir de 12, 13 o 14 años, cualquiera puede disfrutarla. Tiene algo muy especial: nunca se había representado en España –en Estados Unidos sí–; no se había hecho por la dificultad del tren, porque es un espacio muy delimitado. Creo que eso ha hecho que sea la obra de Agatha Christie que menos se ha representado. Y es que el tren es casi un personaje más y hace crecer la obra. Se mueve, ves las cargas, lo ves por fuera con el humo, luego aparece el pasillo, luego el comedor… Y con los vestuarios de la época, el ambiente… Es un viaje maravilloso.
Y claro, contamos con Agatha Christie, que no pasa de moda. Y nuestra obra… pues es un gusto. Ahora mismo no es fácil llenar teatros y nosotros llenamos prácticamente en todas partes.
La función es muy redonda, muy bonita, y el final es muy sorprendente. Creo que el final está muy bien dirigido y muy bien resuelto. Para que una obra sea buena tiene que tener un buen final, y este queda ahí arriba y sorprende a todo el mundo. No solo por lo que está escrito, que también, sino por cómo lo ha planteado el director.
Me gustaría que el público se llevase todo eso que te he contado: que sienta la vibra, que viva el viaje, que aplauda al final y que se haya pasado una hora y pico divirtiéndose. Que pueda meterse en 1935, viajar con nosotros, sentir el frío de la nevada, la muerte, la duda… Aunque algunos ya sepan quién es el asesino, aún así lo disfrutan; y luego hay gente que viene una segunda vez diciendo: “Ahora quiero verla sabiendo quién es”. Y la disfrutan de otra manera.