ELENA SUÁREZ / Antes de comenzar a explicar todo lo que falla en nuestra sociedad para que mujeres y niños puedan ejercer su derecho a disfrutar de una lactancia prolongada, quiero dejar claro que respeto a aquellas mujeres que han decidido alimentar a sus bebés bajo lactancia artificial o leche de fórmula. Sin embargo, considero que muchas de ellas cambiarían de opinión si recibieran más información y ayuda.
Durante décadas, los profesionales de la salud impidieron que la lactancia materna fuera lo que siempre fue sin que ellos mediaran: un proceso natural entre madre e hijo. Para ello marcaban pautas que desnaturalizaban dicho proceso: separación de madre e hijo tras el nacimiento, tomas cada tres horas, tomas de 15 minutos y un uso del biberón ante cualquier contratiempo.
Todo eso trajo como consecuencia que la gran mayoría nos hayamos criado con biberón (los más afortunados habrán disfrutado de algunos meses de lactancia materna) y esto finalmente ha provocado la falta de experiencia en lactancia materna entre las españolas así como la naturalización un producto artificial: nos hemos acostumbrado a ver como natural que un bebé tome biberón e, incluso, hay personas que se sienten incómodas cuando ven a una mujer dando el pecho a su hijo (no son raros los casos en que literalmente se han expulsado a mujeres de edificios por estar dando el pecho).
Desde hace unos años las principales organizaciones asociadas a la infancia recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses. Lo ideal sería continuar dando el pecho hasta los dos años y, por supuesto, seguir más allá si madre e hijo lo desean. Desde entonces, los profesionales de la salud parece que quieren enmendar los errores del pasado y comienzan a dar pautas más adecuadas al correcto desarrollo de una lactancia materna: debe ser a demanda y no cada tres horas, el bebé estará el tiempo que necesite en el pecho, ninguna madre tiene leche aguada o de mala calidad, no es recomendable el uso del chupete en el primer mes, no debemos confundir embarazo y lactancia y, en consecuencia, muchos medicamentos pueden ser tomados cuando damos el pecho, etc. Pero esto no es suficiente.
Es necesario que haya profesionales cualificados en los centros de salud: personal que pueda comprobar si existen problemas en la posición en la que toma el bebé toma el pecho, que ayuden a tratar o prevenir las grietas, detectar un posible frenillo lingual en el bebé o una hipogalactia en la madre, que sepan ayudar a una madre que tiene un pecho dolorido, etc. Otro problema que nos encontramos las madres que hemos decido amamantar a nuestros hijos es la vuelta al trabajo. ¿Quién decidió que 16 semanas de baja maternal eran suficientes?
Seguramente un grupo de hombres que NUNCA cuidaron de sus hijos y que nunca pensaron hasta donde llegarían las mujeres en materia laboral. Es obvio que amamantes o no a tu hijo, la baja maternal en este país es una auténtica vergüenza. Pero es que en el primero de los casos lo que desencadena es que muchas mujeres que decidieron amamantar a sus hijos tienen que dejar de hacerlo por diversos motivos: les molesta el uso del saca-leches, no tienen un espacio adecuado en su trabajo para hacerlo con dignidad, se les llamaría la atención porque es necesario tiempo para poder extraerte leche (En este país te puedes bajar a fumar varias veces al día pero lo de sacarte la leche está mal visto), etc.
Yo aún no he visto que ningún partido político incluya como objetivo principal de su campaña el aumento de la baja maternal: las madres y los hijos no les interesamos a los políticos, lo que habla muy mal de nuestra clase política. Pero si esto te parece mucho aún nos queda un tercer punto que desanima a muchas mujeres: falta cultura de lactancia en nuestro país. Es curioso que en las salas de lactancia siempre se dibuje un biberón. Creo que es indicativo de mucho. No estamos acostumbrados a ver a una mujer dando el pecho y si el niño o niña sobrepasa el año, tendrás que aguantar comentarios del estilo: “Pero si tu leche no lo alimenta”, “Eso ya es vicio”, “¿Ese niño no es muy grande para la teta?”.
Estas personas no lo hacen con mala intención, el problema es el desconocimiento: llevamos tantos años dando biberón que hemos olvidado que la naturaleza no creó las mamas para el deleite de los adultos sino para el disfrute de las crías. Tenemos, como hemos visto, muchos obstáculos que eliminar para conseguir que la lactancia materna vuelva a ser lo que era en sus orígenes: la opción más natural.





