leganes islas filipinas

El Leganés filipino

¿Sabías que existe otro Leganés? Situado en las Islas Filipinas, debe su nombre a una casualidad más de la historia que hizo que un funcionario bautizara así a un nuevo asentamiento.

Qué sabia y qué poco práctica es la naturaleza a veces, que no nos ha puesto una playa en Leganés. Una playa que bien podría tener su puerto y poder navegar por los angostos mares y surcar las olas navegando 10,500 millas náuticas hacia el sureste, recorriendo la costa de África y Asia, pasando por mares filipinos, redescubriendo las islas descubiertas por Miguel López de Legazpi en su momento, hasta el otro Leganés, nuestra ciudad gemela. Y gemela solo en nombre, a falta de rotondas y esculturas, pero este si que puede emular a Los Inhumanos gritando a los cuatro vientos ¡Vaya, vaya, en Leganés sí que hay playa!.

El otro Leganes, sin tilde, surgió como un pequeño asentamiento de colonos sin nombre en 1840, en las orillas del estrecho de Iloio, pero que pasó a ser municipio en 1856 a raíz de la orden de Don Isidro A. Brudit, gobernador de Iloilo, obligando a hacerlo con pena de multa, exactamente 600 pesos por habitante, tres veces más que el capital inicial de la Compañia de las Filipinas.

Dos años después, ese municipio se convirtió en una comunidad próspera con la afluencia de colonos de ciudades adyacentes de Jaro y Santa Bárbara y pasó a llamarse Valencia de forma autoritaria en honor a uno de sus padres fundadores Don Miguel Valencia, que orgulloso porque llevaba su apellido y terco como una mula no quiso consensuar el nombre con el resto de padres fundadores del antiguo asentamiento. Estos, no se quedaron de brazos cruzados e iniciaron un trámite al Ministerio de Alta Mar para que resolviera el conflicto y las autoridades españolas enviaron una carta con la rúbrica real solucionandolos el asunto y que no acabará en asuntos mayores, contestandoles “Tú, te llamarás Leganes y punto”.

Leganes, colonia española

El otro Leganes ha pasado primero por manos españolas y posteriormente estadounidenses tras el engaño del presidente McKinley a los rebeldes filipinos, hasta que en 1946 Filipinas consiguiera la independencia. Esto hace que en su cultura y calles se mezcle lo tagalo con lo estadounidense y español como se aprecia en su callejero con su Hilado St, haciendo referencia al pasado esclavista y productivo de la ciudad, y Calle Progreso, etc dentro de sus barangays o barrios. Lo podemos comprobar también en que la conservación de su más emblemático edificio, la Parroquia de San Vicente Ferrer nombrada santuario diocesano en 2008 y nombrada en honor del patrón de valenciano en la época del terco Don Miguel Valencia y que es una de las mas visitadas del país a consecuencia del fervor cristiano que existe en Filipinas, por su elegancia y su fachada asombrosa que bien recuerda Iglesia de Santa Teresa en Lituania. Se podría decir, que esta parroquia es cómo el Butarque de nuestra ciudad pero sin equipos rivales, ni pelotas, ni Super Pepino.

En dicha parroquia, en abril, es popular el Saad Festival, donde la tradición y pasión de fe de la sociedad filipina rueda a sus anchas, iniciandose el “palapak” que consiste en una práctica popular donde la imagen de San Vicente Ferrer se golpea en la cabeza de los devotos a la espera que este les cure de sus males o materialice sus alabanzas, o ganandose un buen chichon, segun como se mire, y que concluye con una representación de alabanza y adoración con coreografía, sonidos de tambores y trompetas mientras se grita “San Vicente Ferrer, Ig ampo mo kami!,” (San Vicente Ferrer, ruega por nosotros”) por parte de grupos escolares, asociaciones de la ciudad o aquellos vecinos que quieran participar.

Biray-Paraw Festival de Leganes

Pero en el Leganes filipino no todo es fé, el último domingo de junio se celebra el Biray-Paraw Festival, una carrera de popular de vela (biray-biray en tagalo) en aguas del estrecho de Iloio donde los participantes pueden aprender habilidades para sobrevivir a mar abierto y generar una rivalidad amistosa en el agua.

Por otra parte, el visitante que llegue a nuestro Leganes gemelo, además de disfrutar de estos dos festivales podrá admirar los camas de cultivos de sal en las hectáreas cercanas a los barrios de Hechanova, Napnud, Gua-an y Nabitasan. Estos cultivos se protegen del suelo arcilloso de Panay con placas de hielo seco cuya sal, y que al ser más pura, se distribuye a los mercados públicos y se utiliza para dar sabor a platos finos de los restaurante de parné de la provincia mientras que la sal a capas más elevadas se comercializa para la conservación de pescados y otros menesteres.

Por lo que este Leganes, una ciudad tranquila, repleta de historia colonial y tradición, bien podría ser nuestra nueva ciudad de vacaciones, con anuncio de la telefonista de por medio, creándose un buen hermanamiento de ciudades entre el Leganés español y el Leganes filipino.


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One comment

  1. los inhumanos cantaban eso? un poco despistado amigo

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