Leganés ha entrado por primera vez en el listado internacional de ‘Tree Cities of the World’, un programa impulsado por la FAO y la Fundación Arbor Day que distingue a ciudades comprometidas con la gestión de su arbolado urbano.
El Ayuntamiento celebra el reconocimiento como un hito que sitúa al municipio entre los referentes verdes de la Comunidad de Madrid. Según los datos municipales, la ciudad cuenta con más de seis millones de metros cuadrados de zonas verdes y cerca de 150.000 árboles, cifras que han pesado en la concesión del distintivo.
La concejala de Medio Ambiente, Violeta Bonet (PP), ha defendido que este logro “refleja el compromiso con la sostenibilidad y la calidad de vida”, insistiendo en que el objetivo es construir una ciudad “más saludable y preparada para el futuro”.
Una realidad cuestionada
El Gobierno de PP y ULEG destaca también por una inversión anual de 8,8 millones de euros en mantenimiento y la existencia de grandes espacios como Polvoranca o Bosque Sur, sostenidos por fondos regionales, además de una red de parques urbanos repartidos por toda la ciudad.
Además, ha anunciado nuevas plantaciones que sumarán cerca de 700 árboles en las próximas semanas, con iniciativas abiertas a la participación vecinal, como la jornada prevista en el barrio de El Carrascal.
Sin embargo, este relato institucional choca con las críticas que desde hace meses trasladan colectivos vecinales y parte de la oposición. Denuncian talas, podas intensivas y falta de reposición en distintos barrios, lo que, a su juicio, pone en duda el modelo de gestión del arbolado.
Las quejas vecinales: podas, talas y falta de sombra
En varias zonas de Leganés, residentes han alertado de la pérdida de sombra en calles y parques, especialmente tras intervenciones de poda que consideran excesivas. También señalan la falta de riego en determinados periodos, la afectación de plagas como la galeruca y la escasa reposición de ejemplares en alcorques vacíos.
Un modelo en debate
La inclusión en ‘Tree Cities of the World’ exige cumplir estándares técnicos de planificación, inversión y normativa. Sin embargo, el reconocimiento no evalúa de forma directa el impacto cotidiano en los barrios ni la satisfacción de la ciudadanía.
El reto para Leganés, más allá del sello internacional, será equilibrar los indicadores globales con la sensación en la calle. Porque, como recuerdan los colectivos vecinales, la sostenibilidad no se mide solo en números, sino en la sombra que llega —o no— a las aceras.




