Una investigación basada en más de 5,5 millones de condenas concluye que la aparente mayor criminalidad de la población extranjera desaparece en gran medida al comparar personas de la misma edad y sexo. El estudio también señala que la integración y la regularización ayudan a reducir la delincuencia.
La inmigración suele aparecer en el centro del debate político cuando se habla de seguridad ciudadana. Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) concluye que la nacionalidad, por sí sola, no explica los niveles de delincuencia y que gran parte de la percepción social sobre este asunto no se sostiene cuando se analizan los datos de forma rigurosa.
“Cuando se estandarizan las tasas, la diferencia entre españoles y extranjeros se reduce a la mitad. Es decir, buena parte de la brecha no tiene que ver con ser inmigrante, sino con la estructura de edad y género”.
autor del estudio, Jesús Javier Sánchez Barricarte, catedrático del Departamento de Ciencias Sociales de la UC3M.
El estudio, elaborado por el catedrático Jesús Javier Sánchez Barricarte y publicado en la Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS), ha analizado más de 5,5 millones de delitos con sentencia condenatoria firme registrados en España entre 2007 y 2023. Su principal conclusión es que la mayor tasa de delincuencia atribuida a la población extranjera responde, sobre todo, a factores demográficos y socioeconómicos, no a la condición de inmigrante.
La edad y el sexo explican gran parte de la diferencia
Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación es que las comparaciones habituales entre españoles y extranjeros suelen hacerse sin tener en cuenta la composición demográfica de ambos grupos.
La población inmigrante en España está formada, de media, por una mayor proporción de hombres jóvenes, precisamente el grupo que presenta mayores tasas de delincuencia en cualquier sociedad. Cuando el análisis compara personas de la misma edad y sexo, la diferencia entre españoles y extranjeros se reduce aproximadamente a la mitad.
Para el investigador, comparar ambos colectivos sin realizar esa corrección estadística lleva a conclusiones erróneas.
El contexto social pesa más que el pasaporte
La investigación también analiza otros factores que influyen en la delincuencia y concluye que variables como la pobreza, el nivel de urbanización, el acceso a la vivienda o las oportunidades laborales tienen un peso mucho mayor que la nacionalidad.
De hecho, el estudio no encuentra una relación entre una mayor presencia de población extranjera en una provincia y un aumento de la delincuencia una vez que se controlan estos factores. En cambio, sí observa que las tasas delictivas son más elevadas en áreas urbanas que en zonas rurales, independientemente del origen de sus habitantes.
No todos los colectivos presentan el mismo comportamiento
Otro de los aspectos que destaca el trabajo es la gran diversidad entre nacionalidades, lo que impide hacer generalizaciones sobre «los inmigrantes».
Mientras algunos colectivos presentan tasas superiores a la media española, otros registran cifras incluso inferiores, como ocurre con personas procedentes de India, China, Filipinas o Pakistán. Los migrantes procedentes de los Balcanes multiplican por nueve la tasa española, Argelia la quintuplica o Ecuador la triplica.
Según el autor, esta diversidad demuestra que no existe un comportamiento delictivo asociado al hecho de ser extranjero, sino que influyen circunstancias sociales y económicas diferentes en cada colectivo.
Además, el estudio recuerda que las estadísticas oficiales se elaboran según la nacionalidad y no distinguen entre inmigrantes residentes, turistas o integrantes de redes internacionales de crimen organizado, un aspecto que puede distorsionar las cifras. También advierte de que determinados delitos económicos o de corrupción, con mayor presencia entre población autóctona, están infrarrepresentados en este tipo de comparaciones.
La inmigración irregular tampoco dispara la delincuencia
Uno de los datos que más llama la atención de la investigación es el referido a la inmigración en situación irregular. Entre 2017 y 2023, la población extranjera irregular aumentó un 345 %, mientras que la tasa de delincuencia estandarizada descendió un 2 %. Para el investigador, si existiera una relación directa entre irregularidad y criminalidad, esa evolución debería reflejarse en los datos, algo que no ocurre.
Regularizar favorece la seguridad, según el estudio
El trabajo concluye que las políticas de integración y regularización pueden contribuir a mejorar la seguridad porque facilitan el acceso al empleo formal. “El acceso al mercado laboral formal no solo incrementa sus ingresos, sino que también aumenta el coste de oportunidad de delinquir, al poner en riesgo su estabilidad económica y social”, subraya el Sánchez Barricarte.
En palabras del investigador, sustituir los prejuicios por evidencia científica permite orientar mejor las políticas públicas y afrontar el debate sobre inmigración desde los datos y no desde las percepciones.
El estudio también detecta retos específicos
La investigación aclara que desmontar el vínculo general entre inmigración y delincuencia no significa negar la existencia de problemas concretos. El análisis identifica diferencias preocupantes en algunos ámbitos, como determinados delitos sexuales o feminicidios asociados a factores culturales en ciertos contextos de origen, cuestiones para las que el autor plantea la necesidad de desarrollar políticas públicas específicas.



