Siete de la mañana, suena la alarma, te levantas, desayunas y te arreglas rápidamente para ir al trabajo. En el trayecto del metro, sentado en el asiento de la esquina, te pones tu canción favorita con la intención de saborear ese instante. Recibes un mensaje y te cambia la cara, pausas la música porque no es buen momento para escuchar tu canción y te quitas los auriculares. Vuelves a leer el mensaje.
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