‘Intensamente azules’, el mónologo que te hará pensar

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El viernes 22 de marzo, Intensamente azules llegó al teatro del Centro Cívico Rigoberta Menchú de Leganés, con la interpretación de César Sarachu –más conocido por su papel de Bernardo en Camera Café- y la dirección de Juan Mayorga.

Un día se le rompieron las gafas de miope a Juan Mayorga y se acordó de unas gafas de natación graduadas que sus hijos le regalaron. Con ellas, salió al supermercado a comprar, y estuvo así durante una semana. De las sensaciones y aquella idea de ver el mundo con filtro de color surgió Intensamente azules

Con esta anécdota comienza César su monólogo –únicamente interrumpido en un punto por una voz en off- en el que va recreando situaciones cotidianas en clave de humor, siempre en torno a la idea de sus gafas, rozando lo maniático. Se las quita para representar a su familia y su entorno. Se las pone para ir al cine a ver Un perro andaluz siete veces. Decide ir a comisaría varias veces a renovarse el pasaporte y lee y relee los libros que jamás había comprendido. Ahora, con este filtro azul, al fin los entiende.

Nos habla de Schopenhauer, que deja siempre presente con un gran libro (que irónicamente está en blanco) en medio del escenario, a la vez que se iluminan los leds azules que forman un cuadrado delimitando la escena. Así, se va enfrentando a un mundo que al principio no parece comprenderlo y que a medida que avanza se va contagiando. 

Una gran influencia surrealista

Resulta poético ver a Sarachu, con unas gafas de natación, abriendo un paraguas y que cada gota de lluvia sea una nota musical que desemboca en una composición que indica un diluvio. El autor crea un mundo peculiar que no se rige por unas reglas naturales jugando con la idea de un loco sumergiéndose -al igual que Don Quijote con sus libros de caballería- metafórica e (incluso literalmente) en su locura. Es difícil discernir entre real o imaginario, lo que ocurre en realidad o lo que el protagonista cree que ocurre. Todo se rige por un pesimismo cómico marcado por Schopenhauer: “la voluntad no tiene razón porque no la necesita”. Poco a poco nos va dando las claves de este mundo con filtro: “comprendes que todo es representación y tú eres parte de la representación”.

Filosofía y ciertos principios matemáticos van de la mano en una temporalidad que también está marcada por el filósofo: “para Schopenhauer el tiempo es una ilusión”. Nada es casualidad sobre el escenario, todo está sometido por una voluntad ciega de la que forma parte el mundo. Por tanto, tiene lógica que a medida que surgen personajes con gafas de natación de diferentes colores, empiezan a verlo todo más claro mientras van cayendo en el surrealismo. 

Intensamente azules supone todo un juego de luces con una representación que aúna un discurso cómico con la potencia del teatro gestual. César Sarachu flota sobre el escenario, representa un partido o llega a nadar tantos largos como años tiene. Corre de un lado a otro del escenario y no pierde nunca la atención de un discurso que oscila entre lo absurdo y lo profundo: “la voluntad no tiene razón porque no la necesita”.

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