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viernes, 5 marzo, 2021
Opinion Buzón del ciudadano 'Un nuevo camino hacia adelante', por Sergio Pedroviejo Acedo

‘Un nuevo camino hacia adelante’, por Sergio Pedroviejo Acedo

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Tras conseguir su independencia, el pequeño país de Estonia se encontraba aislado, la maquinaria de la burocracia soviética no había conseguido instalar correctamente, ni tan siquiera una central telefónica. Hoy, la administración electrónica (e-estonia) es una referencia mundial en eficacia y eficiencia en la prestación de servicios.

La pandemia de la Covid-19 ha obligado a las empresas a transformarse por completo, no solo introduciendo el teletrabajo que antes parecía una opción exótica y ahora es absolutamente común, sino que además muchas de ellas han tenido que replantear todo su modelo productivo para seguir ofreciéndonos los mejores servicios a quienes nos debíamos quedarnos en casa. Mientras tanto, la Administración Pública ha mostrado todas sus costuras: retrasando el pago de ERTEs, dilatando la entrega de ayudas, reclamando más paciencia a proveedores que no consiguen cobrar o exigiendo la entrega de información a trabajadores, empresarios, familias o estudiantes, que la propia administración produce o ya tiene. Y es que las carencias de una Administración que pide que acudas presencialmente a una oficina para poder realizar un trámite online, es mucho más grave cuando dichas oficinas están cerradas para evitar los contagios. La administración actual no responde a las necesidades del día a día de los ciudadanos, no por sus trabajadores y funcionarios, sino por su propia construcción interna.

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Ahora bien, en estos tiempos todavía se puede afrontar de forma proactiva la mayor transformación económica de la historia. La smartificación de la Administración aún es posible. Esto implica, como explica Ramió: “la utilización del big data con tres objetivos básicos: a) mejorar la calidad de los servicios; b) mejorar la inteligencia institucional para incrementar la capacidad en la toma de decisiones, control y evaluación de las políticas públicas; y c) mejorar la inteligencia institucional para lograr mayor capacidad para ejercer el papel de dirección de las redes de gobernanza entre administraciones y entre éstas y los entes privados.” Es cierto, estas nuevas opciones suenan demasiado bien, como si de una campaña de publicidad vacía se tratara, un nuevo ejercicio de gatopardismo del decisor de turno que no modifique nada. Pero, esto sólo conducirá a que los servicios públicos caigan por obsolescencia y con ellos todas aquellas profesiones rutinarias, que están amenazadas hoy, se verán por completo vulnerables al cambio tecnológico. El uso de la tecnología de datos y de la Inteligencia Artificial se puede poner al servicio de la gestión de los bienes públicos para garantizar su eficiencia, incrementar su eficacia y aumentar su transparencia.

Es cierto, el ámbito local queda maniatado por el procedimiento común, por lo que debe ser un proyecto vertebrador nacional el que lo haga. Aún así, desde el ámbito municipal de Leganés se pueden dar pasos para optimizar el potencial de transformación de la sociedad. Esto requiere de una estrategia concreta y flexible a la introducción de las nuevas tecnologías que irán apareciendo, y sobre todo, alejada de la miopía política y de proyectos políticos cortoplacistas que sólo pueden ofrecer broncas parlamentarias de dudosa calidad.

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