‘Un punto de apoyo’; Aroa Díaz

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No hace mucho que le di a una amiga un valioso consejo: «Hay cosas a lo largo del día que quieres hacer y cosas que debes. Cuando hago balance al final del día, procuro haber hecho más del ‘quiero’ que del ‘debo'». Es bueno, ¿verdad? Se trata de un hábito ‘sencillo’ puesto que las cosas que quieres pueden ser simplemente dar un paseo de vuelta a casa, permitirte relajarte dos minutos con un café en la mano o mandar un WhatsApp a un familiar o amigo. Pues realmente no sé cuándo ni cómo pero se ha ido diluyendo en mi rutina… Hace tiempo que ni siquiera hago balance al final del día para ser consciente de qué he hecho queriendo y qué debiendo. Hace tiempo que perdí mi punto de apoyo.

Estamos acostumbrados a que cuando buscamos un punto de apoyo sea algo externo. Una persona que nos hace no perder el norte, una mascota que nos da ese cariño e impulso para seguir… pero realmente se trata de un pensamiento y sentimiento propios. Nuestro punto de apoyo somos nosotros mismos. Y cuando nos perdemos nosotros solo se puede hacer una cosa: frenar y buscarnos. Yo he tenido que frenar. Y sí, ha supuesto problemas, pero no tantos como supondría haber seguido con la inercia.

Foto: Sansin Tipchai en Pixabay
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En estos días me ha dado tiempo a reflexionar mucho, pero sobre todo, acerca la inercia y el deseo. Y me he dado cuenta de que frenar me ha servido para volver a querer reencontrarme, para echar de menos y desear lo que había terminado designando como deber, para darme cuenta de que mis prioridades están totalmente descabaladas, que lo que sentía no correspondía con lo que hacía y que necesitaba un respiro para reordenar mi cabeza. Para encontrar de nuevo mi punto de equilibrio.

Y estoy segura, querido lector, que en estos tiempos no soy la única que se ha sorprendido movida por la inercia y no por el deseo. Todos tenemos que luchar por seguir adelante. Todos tenemos que tragar sapos día a día, pero siempre puedes compensarlos por buenos momentos cada día (no esperes al fin de semana o a las vacaciones, nunca sabes qué puede pasar). Cuando te metes de lleno en la rutina, pierdes tu punto de apoyo, tu equilibrio, tus objetivos… te pierdes tú.

‘Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo’. Es una de las frases más conocidas de Arquímedes y una de las que, más allá de la física y las matemáticas, más significado puede tener.

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