Hay historias de amor que reconfortan y otras que te dejan mirando al techo. Alguien a quien querer, la novela con la que Miguel Gane regresó al género narrativo, pertenece claramente al segundo grupo. No es una historia romántica al uso, ni pretende serlo. Aquí el amor no aparece como refugio, sino como herida, obsesión y deseo de ser visto a cualquier precio.
La novela, publicada por SUMA, parte de dos voces. Dos personajes rotos de formas distintas, pero unidos por una misma necesidad: dejar de sentirse invisibles. Ella quiere transformarse, escapar de sí misma, cambiar de piel. Él arranca desde una mentira y desde una ambición feroz: escribir la mejor novela del país, aunque para lograrlo tenga que sacrificarlo todo.
Con esa premisa, Miguel Gane construye una historia que baja hacia lugares incómodos: la vergüenza, la dependencia, la manipulación emocional y esa parte oscura del amor que muchas veces se disfraza de intensidad. No es casual que Elísabet Benavent defina la novela como “la historia de un amor perverso que surge de la obsesión y de la vergüenza” y destaque que Gane consigue que se sienta “hasta en la piel”. Máximo Huerta, por su parte, habla de “un golpe de crudeza” y de una historia de amor “tóxica y despiadada” narrada con belleza.
Ahí está precisamente el gancho de Alguien a quien querer: no promete una lectura amable, sino una experiencia intensa. Es una novela para quienes buscan personajes contradictorios, relaciones que incomodan y libros que no dejan el amor en una postal bonita.
Para los lectores de Leganés, además, hay otro motivo para tenerla en el radar. Miguel Gane mantiene un vínculo especial con la ciudad y ya había convertido parte de su memoria local en literatura con Cuando seas mayor. En Alguien a quien querer, el foco cambia: ya no se trata tanto de recorrer lugares reconocibles, sino de entrar en una historia más psicológica, más oscura y más pegada a la piel.
Esta es una recomendación para quienes quieren leer algo emocional, pero no blando. Algo romántico, pero no complaciente. Algo que hable del deseo de ser amado, sí, pero también del peligro de convertir ese deseo en una obsesión.
Porque a veces no buscamos solo alguien a quien querer. A veces buscamos que alguien nos mire. Y ahí, justo ahí, empieza el problema.



