Jeromín don Juan de Austria

En Leganés contamos con una calle en honor a este histórico personaje que data del siglo XVI, situada en el centro de la ciudad. Son muchas las historias que se han dicho y oído acerca de este personaje, pero ¿quién fue realmente Jeromín?

Nacido entre 1545 y 1547 era hijo de Carlos I y Bárbara Blomberg, y por lo tanto uno de los hijos bastardos de nuestro rey. Tal vez este sea el motivo por el que las fuentes fieles no abundan para conocer la verdadera historia del nacimiento de este histórico para el que Leganés tuvo un significado especial.

Se dice que nació el 24 de febrero, mismo día que el propio Carlos I –por lo que los historiadores dudan de esta fecha-, y que debió su apodo al nombre de su padrastro, Jerónimo Píramo Kegell, con quien su madre había contraído matrimonio meses después de su nacimiento.

Por expreso deseo del emperador Carlos I, el bastardo fue educado en Leganés  donde la esposa de Francisco Massy, violista de la corte imperial, Ana de Medina, tenía unas tierras. El acuerdo incluía el pago de cincuenta ducados anuales. En Leganés el hijo natural del emperador que dominaba media Europa se educó como uno más participando de los juegos infantiles en las calles de esta localidad hasta el verano de 1554, cuando fue trasladado a Villagarcía de Campos (Valladolid).

Años más tarde, Felipe II se enteró de la existencia de su hermano a través del testamento y se reunió con él en 1559 en Valladolid y, siguiendo las indicaciones de su padre Carlos, reconoció al niño como miembro de la Familia Real. En línea con este reconocimiento,  Carlos I había dispuesto en su testamento algunos detalles como la futura posición en la corte del joven, en manos de la benevolencia de Felipe II.

De Jeromín a Don Juan de Austria

Durante su vida, Don Juan de Austria se erigió como fiel heredero de su padre, demostrando habilidad como jinete, espadachín y guerrero. Todas ellas demostradas en la Rebelión de las Alpujarras, donde su tutor, Luis de Quijada, sacrificó su vida para salvarle durante una emboscada de los moriscos.

Debido a su logro, don Juan de Austria se presentó para encabezar la coalición cristiana que pretendía hacer frente a la temida flota otomana aunque no impidió que fuera finalmente su hermano, Felipe II, quien se hiciera con el liderato de la Santa Liga.

Las diferentes hazañas de nuestro protagonista, que hizo también un gran papel durante la batalla de Lepanto y supo calmar las tensas relaciones con Venecia, hizo que lo alzaran como héroe de toda la Cristiandad y como gobernador de los Países Bajos espaoles en 1576, con cerca de 30 años. Pero éste fue el principio de su declive.

Aislamiento político en los Países Bajos

En poco tiempo, Don Juan se encontró aislado políticamente, sin recursos necesarios para sofocar la rebelión en Flandes. Desesperado, envió a su secretario, Juan de Escobedo, a pedir más tropas y dinero a Madrid pero el emisario perdió la vida en el trayecto por lo que nunca pudo realizar su encargo.

Conocida la noticia, el que fuera conocido como Jeromín entró en depresión y, tiempo después, contrajo la enfermedad del tifus. Su estado se agravó durante su estancia en un campamento en torno a la ciudad sitiada de Namur (Bélgica), en septiembre de 1578, donde finalmente falleció aunque se desconocen las causas concretas.

El día 28 nombró sucesor en el gobierno de los Países Bajos a su sobrino Alejandro Farnesio y escribió a su hermano pidiéndole que respetase este nombramiento y que le permitiera ser enterrado junto a su padre. El cadáver de don Juan de Austria fue llevado a España, después de ser seccionado en tres partes para evitar que pudiera caer en manos enemigas, y actualmente reposa en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.