La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto graves problemas en el tejido laboral. Trabajadores precarios prestan servicios esenciales mientras otros ven menguar sus pequeños ahorros a la espera de la paga prometida.

Este primero de mayo será un día atípico en el que las protestas en las calles no están permitidas “en el marco de una situación de pandemia global muy grave, que ha producido un gran número de afectados y de fallecidos en nuestro país”, tal y como refleja la sentencia del Tribunal Supremo, pero esto no ha impedido a los sindicatos y trabajadores seguir adelante con sus protestas. Y este año más que nunca.

La situación de parón de la economía ha provocado una gran cantidad de despidos y ERTES que tiene a las oficinas del SEPE al borde del colapso -algo que en parte deriva también de la escasa plantilla por no renovar las jubilaciones-. Solo en Leganés, la situación ha se ha llevado por delante 135 empleos en el mes de marzo, algo que tan solo era la punta del iceberg pues la gran mayoría de expedientes se han producido a lo largo del mes de abril. 

Una destrucción de empleo a gran escala que está produciendo consecuencias inmediatas: los escasos sueldos apenas dejaban que los trabajadores pudieran tener fondos de ahorro por lo que el número de demandantes de ayudas públicas y sociales ha crecido en consecuencia. Y es que la situación del mercado laboral no era la mejor, provocando que existieran trabajadores en riesgo de pobreza y desahucio. 

El regreso al trabajo de los ERTE

En este contexto en el que las ayudas sociales y de las administraciones son más urgentes y necesarias que nunca, y en el que los trabajadores se encuentran más vulnerables ante la decisión que tomen sus empresas, los sindicatos abogan por el uso de la figura del ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo). Por una sencilla razón: la temporalidad del despido. Ahora, “los ERTE se tienen que acomodar a la incorporación paulatina de las personas a la actividad, según evolucionen la pandemia y a la demanda”, asegura Unai Sordo (CCOO). 

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Lo mismo subraya Pepe Álvarez (UGT) ha destacado que, en esta crisis sanitaria, “los sindicatos hemos intentado tejer una red de derechos, una red de seguridad y protección para las personas más vulnerables. En ese sentido, los ERTES han sido un instrumento para poder hibernar la economía, las empresas y los puestos de trabajo y recuperarlos en el momento en el que se ponga en marcha el sistema productivo”.

Y es que esta segunda fase, la reincorporación, es la que más preocupa a los trabajadores que, durante este mes han visto que su sueldo desaparecía mientras siguen esperando en muchas ocasiones la paga prometida por el Gobierno central. “Un mes es mucho tiempo cuando no tienes trabajo ni ingresos, cuando no tienes nada”, señala Sordo. Muchos dudan de que su trabajo vaya a regresar en los próximos meses, a pesar de las promesas, mientras ven que sus escasos ahorros se agotan pagando sus facturas. Y es que para las empresas la vuelta a la actividad y a la contratación va a ser muy dura. Los primeros en avisar están siendo el sector hostelero.

Los precarios servicios esenciales

Mientras, hay un gran sector de la población que se encuentra trabajando por ser servicios esenciales. Curiosamente, servicios que se han hecho ahora visibles pero que durante años han estado invisibilizados convirtiéndose en “feminizados, precarios y mal pagados”, en palabras de Sordo. Se trata de sanitarios, trabajadores sociales, cuidadores, trabajadores de residencias de mayores, limpieza, trabajadores de comercios de alimentación, o transportistas, este último no feminizado. Todos tienen algo en común: la precariedad.

Esta situación ha puesto de manifiesto la curiosa forma en la que el mercado laboral ha tratado a los servicios que son más esenciales para el desarrollo del día a día de una ciudad, sea en estado de alarma, pandemia o natural. En su mayoría los contratos son precarios, de corta duración, temporales y sin garantía de continuación; incluso muchos de ellos se han convertido en falsos autónomos como es el caso del transporte o el reparto a domicilio, también esencial. 

Aunque al principio del estado de alarma esta situación ha pasado desapercibida, son ya varios los colectivos que lo están poniéndolo sobre la mesa. Esta misma semana veíamos las protestas de los sanitarios recordando que muchos serán despedidos al finalizar la pandemia, o los científicos que reclaman mayores fondos para más investigación, no en vano es el I+D+i lo que mantiene a una sociedad preparada ante posibles peligros.

Qué vendrá después

Ante todo esto, los sindicatos han puesto el foco de este atípico uno de mayo en una buena pregunta: ¿Qué pasará después? Pasada la pandemia y recuperada la actividad económica, los sindicatos recuperarán como prioridad la derogación de la reforma laboral de 2012 e insistirán en avanzar en la modernización del modelo productivo de nuestro país. De esta forma, presionarán para que la industria vuelva a España y así el sector servicios no tenga que depender de proveedores de fuera para abastecerse, como ocurre ahora, de mascarillas, geles, EPIS o artículos del día a día como componentes de coches, móviles u ordenadores.

Tanto sindicatos como agentes de la patronal optan para que haya un gran pacto de empleo entre los partidos políticos en el que se registre una hoja de ruta para salir de esta. Abogan al espíritu del pacto de Toledo o de la Constitución, el cual, viendo las últimas sesiones del Congreso o el Senado, está lejos de invadir la Cámara Baja. Pero nos queda la paciencia y la esperanza de que este Primero de Mayo les sirva para reflexionar sobre la necesidad de que los trabajadores abandonen la precariedad y el miedo para poder vivir y generar la riqueza que todo país se merece.